Jul 20, 2026 · 1 hr 14 min · 12 segments
El Cardenal Sarah denuncia dos bestias apocalípticas de nuestro tiempo. Ayuda a sostener este apostolado. Envía mensaje de WhatsApp al +52 33 2813 6085 diciendo: "Quiero apoyar", y te diremos cómo…
Señor presidente, honorables miembros del Parlamento Europeo, amigos de ProVita y familia, distinguidas señoras y señores, les agradezco la invitación a compartir con ustedes en esta casa de los pueblos de Europa algunas reflexiones que tengo muy presentes como hijo de África y como pastor de la Iglesia católica.
No vengo a ustedes con un discurso de circunstancia, sino con una pregunta que considero decisiva para el futuro de nuestros dos continentes: ¿podemos aún entendernos? Las palabras que usamos, derechos humanos, dignidad, desarrollo, libertad, salud, género, familia, ¿significan aún la misma cosa para quienes las pronuncian en Bruselas, en Estrasburgo, en Kampala o en Conakri? El papa León XIV, al recibir el pasado enero al cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede, pronunció una frase que quiere colocar como clave de lectura de toda mi reflexión de hoy.
El Papa afirmó: «Necesitamos que las palabras vuelvan a expresar de modo inequívoco realidades ciertas.
En el dossier que ha sido preparado para este encuentro y que he estudiado con atención, emerge un con documentada claridad cómo en la relación entre la Unión Europea y África, las palabras son hoy usadas no para revelar la realidad, sino para ocultarla o incluso para invertirla.
Se habla de salud sexual y reproductiva y se entiende, en muchos casos, el acceso al aborto.
Se habla de igualdad de género y se entiende a veces la des-deconstrucción de la diferencia sexual entre hombre y mujer inscrita en el cuerpo del ser humano.
Se habla de los derechos humanos para los países africanos y se entiende la imposición de categorías jurídicas ajenas a nuestra historia, a nuestra fe, a nuestra cultura, a nuestra visión antropológica.
Si las palabras ya no significan lo que dicen, ¿cómo puede haber un diálogo auténtico? ¿Cómo puede África fiarse de una Europa que habla con palabras equívocas de doble sentido? Hago un paréntesis, aunque está hablando aquí el cardenal Sarah específicamente de la relación entre Europa y África, esto aplica también para Hispanoamérica, porque exactamente la misma agenda que se quiere imponer en África y las mismas estrategias son las que se están usando en nuestros países hispanos.
Así que sigamos poniendo atención, porque este discurso es valiente y muy poderoso.
No se trata de un problema de semántica académica, es un problema político, un problema de verdad, de honestidad en las relaciones humanas, de primera importancia.
Un tratado, una resolución, un plan de acción que usa, usan un vocabulario impreciso y ambiguo no son instrumentos de cooperación, sino instrumentos de perversión y de poder silencioso, de neocolonialismo cultural y económico.
Quien controla el significado de las palabras controla, de hecho, el resultado de la negociación sin que la otra parte se dé cuenta.
Aquí se está enunciando una estrategia utilizada, vuelvo a repetir, no solamente en África, sino también en nuestros países de Hispanoamérica.
Miren, ¿cuántos gobiernos en Hispanoamérica se jactan de su soberanía, de su soberanía, y se jactan y presumen de que en sus naciones gobierna el pueblo, cuando en realidad están siendo colonizados i-ideológicamente.
Y esos gobiernos, pre-precisamente, que se jactan, eh, de ser soberanos, están siendo, siendo instrumentos del poder globalista para colonizar sus propias naciones con ideologías extrañas a su cultura, extrañas a su tradición.
Quisiera vincular este diagnóstico a un texto que considero de extraordinaria actualidad: la encíclica Magnifica Humanitas, que el papa León XIV firmó el pasado mes de mayo.
Señor presidente, honorables miembros del Parlamento Europeo, amigos de ProVita y familia, distinguidas señoras y señores, les agradezco la invitación a compartir con ustedes en esta casa de los pueblos de Europa algunas reflexiones que tengo muy presentes como hijo de África y como pastor de la Iglesia católica.
No vengo a ustedes con un discurso de circunstancia, sino con una pregunta que considero decisiva para el futuro de nuestros dos continentes: ¿podemos aún entendernos? Las palabras que usamos, derechos humanos, dignidad, desarrollo, libertad, salud, género, familia, ¿significan aún la misma cosa para quienes las pronuncian en Bruselas, en Estrasburgo, en Kampala o en Conakri? El papa León XIV, al recibir el pasado enero al cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede, pronunció una frase que quiere colocar como clave de lectura de toda mi reflexión de hoy.
El Papa afirmó: «Necesitamos que las palabras vuelvan a expresar de modo inequívoco realidades ciertas.
En el dossier que ha sido preparado para este encuentro y que he estudiado con atención, emerge un con documentada claridad cómo en la relación entre la Unión Europea y África, las palabras son hoy usadas no para revelar la realidad, sino para ocultarla o incluso para invertirla.
Se habla de salud sexual y reproductiva y se entiende, en muchos casos, el acceso al aborto.
Se habla de igualdad de género y se entiende a veces la des-deconstrucción de la diferencia sexual entre hombre y mujer inscrita en el cuerpo del ser humano.
Se habla de los derechos humanos para los países africanos y se entiende la imposición de categorías jurídicas ajenas a nuestra historia, a nuestra fe, a nuestra cultura, a nuestra visión antropológica.
Si las palabras ya no significan lo que dicen, ¿cómo puede haber un diálogo auténtico? ¿Cómo puede África fiarse de una Europa que habla con palabras equívocas de doble sentido? Hago un paréntesis, aunque está hablando aquí el cardenal Sarah específicamente de la relación entre Europa y África, esto aplica también para Hispanoamérica, porque exactamente la misma agenda que se quiere imponer en África y las mismas estrategias son las que se están usando en nuestros países hispanos.
Así que sigamos poniendo atención, porque este discurso es valiente y muy poderoso.
No se trata de un problema de semántica académica, es un problema político, un problema de verdad, de honestidad en las relaciones humanas, de primera importancia.
Un tratado, una resolución, un plan de acción que usa, usan un vocabulario impreciso y ambiguo no son instrumentos de cooperación, sino instrumentos de perversión y de poder silencioso, de neocolonialismo cultural y económico.
Quien controla el significado de las palabras controla, de hecho, el resultado de la negociación sin que la otra parte se dé cuenta.
Aquí se está enunciando una estrategia utilizada, vuelvo a repetir, no solamente en África, sino también en nuestros países de Hispanoamérica.
Miren, ¿cuántos gobiernos en Hispanoamérica se jactan de su soberanía, de su soberanía, y se jactan y presumen de que en sus naciones gobierna el pueblo, cuando en realidad están siendo colonizados i-ideológicamente.
Y esos gobiernos, pre-precisamente, que se jactan, eh, de ser soberanos, están siendo, siendo instrumentos del poder globalista para colonizar sus propias naciones con ideologías extrañas a su cultura, extrañas a su tradición.
Quisiera vincular este diagnóstico a un texto que considero de extraordinaria actualidad: la encíclica Magnifica Humanitas, que el papa León XIV firmó el pasado mes de mayo.
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