PREDICAS CRISTIANAS (ORACION DE LA MAÑANA)
Sep 29, 2026 · 24 min · 8 segments
El logro nunca fue el destino, fue la escuela.
Hay un momento en la historia de Salomón que muy poca gente se detiene a leer con honestidad.
Riqueza que ningún rey antes o después igualó.
sabiduría que venía directamente de Dios, poder, influencia, proyectos que ningún otro humano de su época pudo concebir.
Construyó el templo, construyó su palacio, construyó ciudades, tuvo viñedos, jardines, estanques, tuvo músicos, artistas, todo lo que el corazón pudiera desear.
Y después de describirlo con detalle, después de enumerar cada logro con precisión, escribió esto, vanidad de vanidades, todo es vanidad.
Y consideré todas las obras que habían hecho mis manos y el trabajo que tomé para hacerlas y aquí todo era vanidad y aflicción de espíritu.
Imaginalo ahí, no a los 20 años cuando recién empezaba, no en el medio del proceso cuando todavía tenía ilusión, en el pico, con todo construido, todo conquistado, todo conseguido.
Y ese hombre, el hombre más sabio que existió, escribió, esto no era, esto no era lo que yo buscaba, esto no era lo que Dios tenía en mente cuando me bendijo.
Que las bendiciones de Dios se convirtieron en el objeto de su búsqueda en lugar de ser herramientas para su propósito.
Y cuando las alcanzó todas, cuando no quedó nada más por lograr, encontró la verdad que debería haber aprendido mucho antes.
Que el corazón humano nunca fue diseñado para ser llenado por lo que podés producir.
Construir o acumular.
Y eso no es un insulto.
Es una de las noticias más liberadoras que alguien puede recibir.
Porque lo que sentís no es un defecto tuyo.
Es el sistema operativo correcto funcionando exactamente como fue diseñado.
Eso que siente que no cierra...
Esa sed que no se apaga con ningún logro, ese vacío que vuelve a aparecer aun cuando todo afuera está en orden, eso es la evidencia de que fuiste creado para algo que ninguna meta puede darte.
Es como tener hambre de pan y comer arena, no importa cuánta arena comas, no importa que sea arena fina, arena dorada, arena que todos envidian, el hambre no cede porque nunca fue hambre de arena.
Lo que podés hacer mañana con esta verdad.
Escribí en una hoja qué creías que ibas a sentir cuando lograras lo que lograste.
El logro nunca fue el destino, fue la escuela.
Hay un momento en la historia de Salomón que muy poca gente se detiene a leer con honestidad.
Riqueza que ningún rey antes o después igualó.
sabiduría que venía directamente de Dios, poder, influencia, proyectos que ningún otro humano de su época pudo concebir.
Construyó el templo, construyó su palacio, construyó ciudades, tuvo viñedos, jardines, estanques, tuvo músicos, artistas, todo lo que el corazón pudiera desear.
Y después de describirlo con detalle, después de enumerar cada logro con precisión, escribió esto, vanidad de vanidades, todo es vanidad.
Y consideré todas las obras que habían hecho mis manos y el trabajo que tomé para hacerlas y aquí todo era vanidad y aflicción de espíritu.
Imaginalo ahí, no a los 20 años cuando recién empezaba, no en el medio del proceso cuando todavía tenía ilusión, en el pico, con todo construido, todo conquistado, todo conseguido.
Y ese hombre, el hombre más sabio que existió, escribió, esto no era, esto no era lo que yo buscaba, esto no era lo que Dios tenía en mente cuando me bendijo.
Que las bendiciones de Dios se convirtieron en el objeto de su búsqueda en lugar de ser herramientas para su propósito.
Y cuando las alcanzó todas, cuando no quedó nada más por lograr, encontró la verdad que debería haber aprendido mucho antes.
Que el corazón humano nunca fue diseñado para ser llenado por lo que podés producir.
Construir o acumular.
Y eso no es un insulto.
Es una de las noticias más liberadoras que alguien puede recibir.
Porque lo que sentís no es un defecto tuyo.
Es el sistema operativo correcto funcionando exactamente como fue diseñado.
Eso que siente que no cierra...
Esa sed que no se apaga con ningún logro, ese vacío que vuelve a aparecer aun cuando todo afuera está en orden, eso es la evidencia de que fuiste creado para algo que ninguna meta puede darte.
Es como tener hambre de pan y comer arena, no importa cuánta arena comas, no importa que sea arena fina, arena dorada, arena que todos envidian, el hambre no cede porque nunca fue hambre de arena.
Lo que podés hacer mañana con esta verdad.
Escribí en una hoja qué creías que ibas a sentir cuando lograras lo que lograste.
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