Oct 10, 2026 · 15 min · 13 segments
En 2017, Substack apostó por una idea sencilla: que los escritores pudieran cobrar directamente a sus lectores por recibir sus correos. Su negocio crecería con el de los creadores, al retener una…
Chris Best había cofundado Kik, una de las aplicaciones de mensajería más populares entre adolescentes en sus mejores años.
Jairaj Sethi también venía de ahí.
Hamish McKenzie era periodista.
Los tres vieron el mismo problema desde ángulos distintos.
Los medios digitales dependían de la publicidad.
La publicidad dependía de los clics.
Los clics dependían de títulos cada vez más escandalosos.
Y ese ciclo estaba destruyendo la calidad del periodismo y agotando a los lectores.
Su solución fue un software que permitía a los escritores enviar newsletters, ofrecer suscripciones de pago y quedarse con el 90 % de lo que sus lectores pagaran.
Sin cuota mensual para el creador, sin contrato, sin algoritmo que decidiera a quién llegar.
Solo un escritor, una lista de correos y un lector dispuesto a pagar.
Y Combinator los aceptó en 2017.
Andreessen Horowitz lideró una ronda de sesenta y cinco millones de dólares en 2021, que dejó la valuación de Substack en seiscientos cincuenta millones de dólares.
En 2023, la empresa levantó una ronda de financiamiento colectivo con una valuación menor de alrededor de quinientos ochenta y cinco millones.
No fue sino hasta julio de 2025, con una nueva ronda de cien millones, liderada otra vez por Andreessen Horowitz, que Substack alcanzó los mil cien millones de dólares y el estatus de unicornio.
El chiste había resultado ser uno de los negocios más interesantes de la última década en la economía de los creadores.
Cuando Substack salió, varios críticos de tecnología lo describieron como un blog con lista de correos, y eso era exactamente lo que millones de personas, sin saberlo, estaban esperando.
Chris Best había cofundado Kik, una de las aplicaciones de mensajería más populares entre adolescentes en sus mejores años.
Jairaj Sethi también venía de ahí.
Hamish McKenzie era periodista.
Los tres vieron el mismo problema desde ángulos distintos.
Los medios digitales dependían de la publicidad.
La publicidad dependía de los clics.
Los clics dependían de títulos cada vez más escandalosos.
Y ese ciclo estaba destruyendo la calidad del periodismo y agotando a los lectores.
Su solución fue un software que permitía a los escritores enviar newsletters, ofrecer suscripciones de pago y quedarse con el 90 % de lo que sus lectores pagaran.
Sin cuota mensual para el creador, sin contrato, sin algoritmo que decidiera a quién llegar.
Solo un escritor, una lista de correos y un lector dispuesto a pagar.
Y Combinator los aceptó en 2017.
Andreessen Horowitz lideró una ronda de sesenta y cinco millones de dólares en 2021, que dejó la valuación de Substack en seiscientos cincuenta millones de dólares.
En 2023, la empresa levantó una ronda de financiamiento colectivo con una valuación menor de alrededor de quinientos ochenta y cinco millones.
No fue sino hasta julio de 2025, con una nueva ronda de cien millones, liderada otra vez por Andreessen Horowitz, que Substack alcanzó los mil cien millones de dólares y el estatus de unicornio.
El chiste había resultado ser uno de los negocios más interesantes de la última década en la economía de los creadores.
Cuando Substack salió, varios críticos de tecnología lo describieron como un blog con lista de correos, y eso era exactamente lo que millones de personas, sin saberlo, estaban esperando.
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