Aug 27, 2026 · 25 min · 9 segments
Nos han contado que los seres humanos somos egoístas por naturaleza. Que si eres demasiado amable, se aprovechan de ti. Pero un historiador holandés regresó a los experimentos más famosos de la…
Marisa LazoHost
Hace poco descubrí el trabajo de un historiador holandés que se hizo exactamente esa pregunta.

La pregunta es: ¿de verdad los seres humanos somos tan egoístas y crueles como nos han contado? Rutger Bregman es periodista e historiador, y cuando publicó su libro, "En el fondo, buena gente", que en inglés, eh, se llama Humankind, provocó un debate enorme, porque se dedicó a hacer algo que me parece fascinante: regresar a algunos de los experimentos más famosos de la psicología, esos que durante décadas nos enseñaron como pruebas de que los seres humanos somos malos por naturaleza.

Y él quería verificar si lo que nos contaron y, sobre todo, las conclusiones que se han hecho famosas alrededor del mundo, realmente han sido así.

Fue a los archivos originales, buscó participantes, revisó grabaciones y datos que llevaban años guardados.

Y lo que encontró le hizo repensar la idea que se nos ha transmitido por décadas sobre la naturaleza del hombre, del ser humano.

Es probablemente uno de los experimentos más famosos de la historia de la psicología.

En 1971, Philip Zimbardo tomó a un grupo de estudiantes universitarios, los dividió al azar entre guardias y prisioneros.

En pocos días, algunos de los guardias comenzaron a comportarse de manera muy agresiva y los prisioneros empezaron a mostrar un gran deterioro emocional.

Y durante décadas, la historia que nos contaron fue que cualquier persona normal, si recibe un poco de poder y se encuentra en las circunstancias adecuadas, puede convertirse en alguien muy cruel.

Los guardias no comenzaron a comportarse de esa manera de forma completamente espontánea.

El equipo de Zimbardo les había dado instrucciones específicas sobre cómo intimidar, cómo crear miedo y cómo ejercer presión psicológica.

Incluso algunos participantes que no querían comportarse de manera abusiva fueron excluidos del experimento.

Qué gran diferencia, ¿verdad? De hecho, uno de los participantes, que se volvió el ejemplo más conocido del estudio, contó años después que estaba actuando en ese momento.

Esto a mí me pareció muy fuerte, porque una de las historias que durante años hemos utilizado en todo el mundo para explicar cómo somos los seres humanos, en esencia, por lo visto, no contaba la historia completa.

Bregman también revisó los famosos experimentos de obediencia de Stanley Milgram, esos en los que aparentemente las personas estaban dispuestas a aplicar descargas eléctricas a otra persona simplemente porque alguien con autoridad se los pedía.

Y nuevamente, cuando uno revisa los datos originales, la historia se vuelve mucho más compleja.

La conclusión de que las personas obedecen ciegamente, entre comillas, parece ser una simplificación de lo que realmente estaba pasando.

Hace poco descubrí el trabajo de un historiador holandés que se hizo exactamente esa pregunta.

La pregunta es: ¿de verdad los seres humanos somos tan egoístas y crueles como nos han contado? Rutger Bregman es periodista e historiador, y cuando publicó su libro, "En el fondo, buena gente", que en inglés, eh, se llama Humankind, provocó un debate enorme, porque se dedicó a hacer algo que me parece fascinante: regresar a algunos de los experimentos más famosos de la psicología, esos que durante décadas nos enseñaron como pruebas de que los seres humanos somos malos por naturaleza.

Y él quería verificar si lo que nos contaron y, sobre todo, las conclusiones que se han hecho famosas alrededor del mundo, realmente han sido así.

Fue a los archivos originales, buscó participantes, revisó grabaciones y datos que llevaban años guardados.

Y lo que encontró le hizo repensar la idea que se nos ha transmitido por décadas sobre la naturaleza del hombre, del ser humano.

Es probablemente uno de los experimentos más famosos de la historia de la psicología.

En 1971, Philip Zimbardo tomó a un grupo de estudiantes universitarios, los dividió al azar entre guardias y prisioneros.

En pocos días, algunos de los guardias comenzaron a comportarse de manera muy agresiva y los prisioneros empezaron a mostrar un gran deterioro emocional.

Y durante décadas, la historia que nos contaron fue que cualquier persona normal, si recibe un poco de poder y se encuentra en las circunstancias adecuadas, puede convertirse en alguien muy cruel.

Los guardias no comenzaron a comportarse de esa manera de forma completamente espontánea.

El equipo de Zimbardo les había dado instrucciones específicas sobre cómo intimidar, cómo crear miedo y cómo ejercer presión psicológica.

Incluso algunos participantes que no querían comportarse de manera abusiva fueron excluidos del experimento.

Qué gran diferencia, ¿verdad? De hecho, uno de los participantes, que se volvió el ejemplo más conocido del estudio, contó años después que estaba actuando en ese momento.

Esto a mí me pareció muy fuerte, porque una de las historias que durante años hemos utilizado en todo el mundo para explicar cómo somos los seres humanos, en esencia, por lo visto, no contaba la historia completa.

Bregman también revisó los famosos experimentos de obediencia de Stanley Milgram, esos en los que aparentemente las personas estaban dispuestas a aplicar descargas eléctricas a otra persona simplemente porque alguien con autoridad se los pedía.

Y nuevamente, cuando uno revisa los datos originales, la historia se vuelve mucho más compleja.

La conclusión de que las personas obedecen ciegamente, entre comillas, parece ser una simplificación de lo que realmente estaba pasando.
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