Qué bonito, como de historias en campo de refugiados puede surtir-- salir una historia tan bonita.
Y antes de que volvamos, ¿cómo llegaste a España? Me gustaría esta parte que nos comentaras de en estas circunstancias, en el campo de refugiados donde decidiste ser psicóloga, porque una niña de 15, 17 años en medio de la guerra eligiendo una vocación.
¿Qué pasó en ti en ese momento? ¿De dónde venía la certeza de: "Esto es lo que quiero hacer"?
Mmm, yo creo que ahí lo que hacía es como dar valor a las historias de las personas y tratar de ayudarles a transitar de un lugar doloroso a comprender de por qué era, no sé.
Ah, digo porque yo he sido la voz y, y el botón bi-bidireccional.
El hecho quizás ahí como una cría de ayudar, esa sensación altruista, ¿no? En el fondo de-- porque yo me sentía que hacía eso, es que era como una obligación.
Me levantaba cada mañana Mmm, con la gana de que oí o veo otras historias a pesar de lo doloroso que era, pero no eran mi historia, [chasquido de lengua] que se vive de otra manera.
Eran unas gafas de vivir como una realidad paralela de nuevo.
[risa] Pero sentía que hacían una labor fuertísima.
Entonces, el hecho de poder ayudar a la gente a comprender lo que les sucedía, de dotar de un sentido aquello que, que, que sentían, vivían y, y la rabia o, o la tristeza inmensa por la pérdida, por el hecho del-- de, de lo que todo lo que había ocasionado, despertó en mí algo que sentía que, que no solo que necesitaba la preparación, sino que tenía como, no sé, la dotación personal de las ganas de, mmm, echar en eso.
Me sentía preparada y con ganas.
Y ahí efectivamente nació.
Y, y yo creo que ha tenido muchísimo que ver las personas con las que yo estaba, por supuesto, las psicólogas Virginia Pérez, Begoña Dean, o sea, muchas personas con las que he estado y que sigo manteniendo relación con ellas, a pesar de que cada uno está en una parte del mundo, porque no dejan de ser personas que han trabajado voluntarias, que han sido misioneros, que han estado por el resto del mundo, [chasquido de lengua] o-- pero son parte como inexorable de mi propia existencia, diría.
[risa] Y por lo tanto, muchas veces hoy en día cuando hablo como modo profesional ya casi con ellas, de que cada uno nos hemos dedicado a una cosa muy diferente, me, me resulta hasta gracioso, ¿no? A veces como esto de que el, el alumno es [chasquido de lengua] más fino a veces que el maestro.
No, no sé cómo explicarlo, es una cosa-- pero muchas veces en un problema, en un sitio de conflicto tan sumamente difícil y duro, personalmente hablando, pasa un poco como con los artistas, ¿no? Es cuando brota [risa] lo que mejor sabe y puede hacer uno.
Me parece fascinante cómo en esos momentos de-- siempre de, de, sacas también la parte más positiva desde tu espíritu también, de poder ver la parte buena de todos estos y cómo la gente te ayudó, que fueron esas personas tan importantes para ese camino.
Y antes de pasar al actual, me gustaría entender qué aprendiste tú de las personas, porque al final querías ayudar a esas personas, de cómo se comportan durante la guerra, cuando todo es-- falla, cuando no hay nada, ah, que se sostenga como había sido.
¿Qué es lo que aprendiste y nunca has olvidado de aquellos momentos de-- sobre cómo se comportan esas personas?
Uf, ah, creo que me es difícil como recuperar una, una capacidad de juicio que no sea en retrospectiva con el conocimiento que hoy en día poseo, la verdad.
Pero desde luego que el cariño y el validar diría que es como lo más-- primero que en el sentido superimportante que la gente atienda y crea lo que estás contando.
Es como necesitan ser validados en una historia que, que, que has dicho, porque muchas veces ahí, eh, lógicamente hay una parte de inventiva, yo creo que hace como un, un traspaso nuestra cabeza.
Pero [chasquido de lengua] la humanidad, y no solo de los afectados, ¿eh? Digo, la humanidad lo he aprendido de todos, la importancia de todas las personas implicadas aquí, ¿eh? Todo, todo el rato.
Partiendo de mi familia y cuando hacían de referencia que acogíamos en el remolque, incluso cuando ya pensabas que no cabía ni un alfiler más, mi padre cada vez que veía una familia en apuros, paraba el remolque y, eh, decía: "No, alguien más cabe.
Venga, ponlo ahí encima, ponlo hasta el..." Y en momentos más críticos, cuando, mmm, falla-- faltaba todo el alimento que existía, si había un bocado para uno, había para tres.
Y esto, eh, lo he ido como viviendo de, de-- desde mi familia.
Qué bonito, como de historias en campo de refugiados puede surtir-- salir una historia tan bonita.
Y antes de que volvamos, ¿cómo llegaste a España? Me gustaría esta parte que nos comentaras de en estas circunstancias, en el campo de refugiados donde decidiste ser psicóloga, porque una niña de 15, 17 años en medio de la guerra eligiendo una vocación.
¿Qué pasó en ti en ese momento? ¿De dónde venía la certeza de: "Esto es lo que quiero hacer"?
Mmm, yo creo que ahí lo que hacía es como dar valor a las historias de las personas y tratar de ayudarles a transitar de un lugar doloroso a comprender de por qué era, no sé.
Ah, digo porque yo he sido la voz y, y el botón bi-bidireccional.
El hecho quizás ahí como una cría de ayudar, esa sensación altruista, ¿no? En el fondo de-- porque yo me sentía que hacía eso, es que era como una obligación.
Me levantaba cada mañana Mmm, con la gana de que oí o veo otras historias a pesar de lo doloroso que era, pero no eran mi historia, [chasquido de lengua] que se vive de otra manera.
Eran unas gafas de vivir como una realidad paralela de nuevo.
[risa] Pero sentía que hacían una labor fuertísima.
Entonces, el hecho de poder ayudar a la gente a comprender lo que les sucedía, de dotar de un sentido aquello que, que, que sentían, vivían y, y la rabia o, o la tristeza inmensa por la pérdida, por el hecho del-- de, de lo que todo lo que había ocasionado, despertó en mí algo que sentía que, que no solo que necesitaba la preparación, sino que tenía como, no sé, la dotación personal de las ganas de, mmm, echar en eso.
Me sentía preparada y con ganas.
Y ahí efectivamente nació.
Y, y yo creo que ha tenido muchísimo que ver las personas con las que yo estaba, por supuesto, las psicólogas Virginia Pérez, Begoña Dean, o sea, muchas personas con las que he estado y que sigo manteniendo relación con ellas, a pesar de que cada uno está en una parte del mundo, porque no dejan de ser personas que han trabajado voluntarias, que han sido misioneros, que han estado por el resto del mundo, [chasquido de lengua] o-- pero son parte como inexorable de mi propia existencia, diría.
[risa] Y por lo tanto, muchas veces hoy en día cuando hablo como modo profesional ya casi con ellas, de que cada uno nos hemos dedicado a una cosa muy diferente, me, me resulta hasta gracioso, ¿no? A veces como esto de que el, el alumno es [chasquido de lengua] más fino a veces que el maestro.
No, no sé cómo explicarlo, es una cosa-- pero muchas veces en un problema, en un sitio de conflicto tan sumamente difícil y duro, personalmente hablando, pasa un poco como con los artistas, ¿no? Es cuando brota [risa] lo que mejor sabe y puede hacer uno.
Me parece fascinante cómo en esos momentos de-- siempre de, de, sacas también la parte más positiva desde tu espíritu también, de poder ver la parte buena de todos estos y cómo la gente te ayudó, que fueron esas personas tan importantes para ese camino.
Y antes de pasar al actual, me gustaría entender qué aprendiste tú de las personas, porque al final querías ayudar a esas personas, de cómo se comportan durante la guerra, cuando todo es-- falla, cuando no hay nada, ah, que se sostenga como había sido.
¿Qué es lo que aprendiste y nunca has olvidado de aquellos momentos de-- sobre cómo se comportan esas personas?
Uf, ah, creo que me es difícil como recuperar una, una capacidad de juicio que no sea en retrospectiva con el conocimiento que hoy en día poseo, la verdad.
Pero desde luego que el cariño y el validar diría que es como lo más-- primero que en el sentido superimportante que la gente atienda y crea lo que estás contando.
Es como necesitan ser validados en una historia que, que, que has dicho, porque muchas veces ahí, eh, lógicamente hay una parte de inventiva, yo creo que hace como un, un traspaso nuestra cabeza.
Pero [chasquido de lengua] la humanidad, y no solo de los afectados, ¿eh? Digo, la humanidad lo he aprendido de todos, la importancia de todas las personas implicadas aquí, ¿eh? Todo, todo el rato.
Partiendo de mi familia y cuando hacían de referencia que acogíamos en el remolque, incluso cuando ya pensabas que no cabía ni un alfiler más, mi padre cada vez que veía una familia en apuros, paraba el remolque y, eh, decía: "No, alguien más cabe.
Venga, ponlo ahí encima, ponlo hasta el..." Y en momentos más críticos, cuando, mmm, falla-- faltaba todo el alimento que existía, si había un bocado para uno, había para tres.
Y esto, eh, lo he ido como viviendo de, de-- desde mi familia.
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