Mira, la iba, la iba a dejar al final, pero vamos a empezar fuerte.
Esa historia se llama El clóset.
La persona que, que nos manda esta historia me ha pedido que por favor su nombre no sea mencionado, aunque sí nos da algunos detalles importantes.
Ahora van a comprender el porqué.
Esta persona dice que, eh, actualmente, que además de ser gran, gran fanático de Insomnio, no se había, pues, aventado a escribir su historia por un, un detalle en específico.
Pero, eh, él dice que cuando estaba muy pequeño, al no ser originario de aquí de la Ciudad de México, pero se viene con su papá y mamá, siendo hijo único, se vienen a vivir a la Ciudad de México.
Cuestión de que al papá lo habían cambiado de trabajo y bueno, muy felices llegan a la capital.
Porque esta persona, si bien es adulto, no es más antiguo que yo.
En 1994, tenía siete años de edad.
Estaba llegando a la Ciudad de México, rentan un, una casa y esa casa tenía algunos muebles, que era una casa que estaba en la colonia Roma y ¿han visto estas casas que tienen como...? Están muy bonitas, pero se ve que son muy, muy, muy viejas, los acabados-
Que tienen como unos pilares grandes.
Los muebles que tenía ahí eran muy viejos, de madera.
Había un comedor, eh, de varias sillas que eran así como muy garigoleadas y en su cuarto había una cama que estaba grandecita y que, pues le quedó perfecto, de ser un niño en una cama grande, pues padrísimo.
Y este, y un clóset.
La cuestión estaba que este clóset, al ser muy viejo, como nuestras herraduras, cerraduras, perdón, tienen esta, esta llavecita que tiene como solo dos dientes.
Entonces, tenía esta llave con la que podías cerrar el clóset, una vez que cerrabas las puertas, clic, y ya, no podías abrir el, el clóset.
Entonces, para evitar cualquier cosa como perder las llaves, la llave estaba ahí metida en el cerrojo.
Normal, él guardaba ahí sus cosas, su ropa, como un niño normal.
La cosa está en que dice que, eh, en las primeras semanas lo único que sentía, que era algo que se estaba apenas acostumbrando de la Ciudad de México, es que a veces en las noches hacía mucho, mucho frío.
Y se hacía bolita, se tapaba así con las sabanitas y las cobijitas que tenía, para, pues para evitar, ¿no? Ese frío, pero aun así como que el frío no se iba, era como que caía de golpe.
Eso fue en las primeras noches.
Un día, estaba como haciendo su vida normal, se va a dormir, dice que no hacía tanto frío, estaba templadito.
Se acuesta a dormir cuando empieza a sentir que está cayendo de pronto ese frío y empieza así, con los ojos cerrados, empieza a jalar así como que las cobijas, a hacerse bolita, y escucha un ruido, una madera.
[puerta crujiendo] Abre los ojos y ve que la puerta del clóset estaba entreabierta.
Mira, la iba, la iba a dejar al final, pero vamos a empezar fuerte.
Esa historia se llama El clóset.
La persona que, que nos manda esta historia me ha pedido que por favor su nombre no sea mencionado, aunque sí nos da algunos detalles importantes.
Ahora van a comprender el porqué.
Esta persona dice que, eh, actualmente, que además de ser gran, gran fanático de Insomnio, no se había, pues, aventado a escribir su historia por un, un detalle en específico.
Pero, eh, él dice que cuando estaba muy pequeño, al no ser originario de aquí de la Ciudad de México, pero se viene con su papá y mamá, siendo hijo único, se vienen a vivir a la Ciudad de México.
Cuestión de que al papá lo habían cambiado de trabajo y bueno, muy felices llegan a la capital.
Porque esta persona, si bien es adulto, no es más antiguo que yo.
En 1994, tenía siete años de edad.
Estaba llegando a la Ciudad de México, rentan un, una casa y esa casa tenía algunos muebles, que era una casa que estaba en la colonia Roma y ¿han visto estas casas que tienen como...? Están muy bonitas, pero se ve que son muy, muy, muy viejas, los acabados-
Que tienen como unos pilares grandes.
Los muebles que tenía ahí eran muy viejos, de madera.
Había un comedor, eh, de varias sillas que eran así como muy garigoleadas y en su cuarto había una cama que estaba grandecita y que, pues le quedó perfecto, de ser un niño en una cama grande, pues padrísimo.
Y este, y un clóset.
La cuestión estaba que este clóset, al ser muy viejo, como nuestras herraduras, cerraduras, perdón, tienen esta, esta llavecita que tiene como solo dos dientes.
Entonces, tenía esta llave con la que podías cerrar el clóset, una vez que cerrabas las puertas, clic, y ya, no podías abrir el, el clóset.
Entonces, para evitar cualquier cosa como perder las llaves, la llave estaba ahí metida en el cerrojo.
Normal, él guardaba ahí sus cosas, su ropa, como un niño normal.
La cosa está en que dice que, eh, en las primeras semanas lo único que sentía, que era algo que se estaba apenas acostumbrando de la Ciudad de México, es que a veces en las noches hacía mucho, mucho frío.
Y se hacía bolita, se tapaba así con las sabanitas y las cobijitas que tenía, para, pues para evitar, ¿no? Ese frío, pero aun así como que el frío no se iba, era como que caía de golpe.
Eso fue en las primeras noches.
Un día, estaba como haciendo su vida normal, se va a dormir, dice que no hacía tanto frío, estaba templadito.
Se acuesta a dormir cuando empieza a sentir que está cayendo de pronto ese frío y empieza así, con los ojos cerrados, empieza a jalar así como que las cobijas, a hacerse bolita, y escucha un ruido, una madera.
[puerta crujiendo] Abre los ojos y ve que la puerta del clóset estaba entreabierta.
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