Esta primera historia la manda nuestro amigo Hugo García y se llama El trato.
Esta historia le ocurrió a su abuelo Pedro, al señor Pedro, a su abuelo, en los años setenta, más o menos.
Apenas iniciaba la década de los setentas cuando experimenta esto que les voy a relatar a continuación.
Es muy importante el-- como a lo mejor formar esta, este personaje del abuelo Pedro, porque es un hombre que vivió, pues nació y se desarrolló, etcétera, en un pueblo, pero específicamente en trabajos de rancho en San Luis Potosí.
¿Y por qué digo esto de trabajos de rancho? Pues la gente se vuelve un poquito hosca, se vuelve un poquito dura, se tiene que levantar muy temprano, el trabajo con los animales, muchas veces no tienen acceso a la educación, pero son personas muy trabajadoras, que además, siendo inicio de los años setentas, en este pueblo, pues son personas sumamente machistas.
Eh, y bueno, eso era como el común.
Y él, entre todas las personas del pueblo, con él, el abuelo Pedro, la gente decía que era sumamente duro, que era una persona violenta, fuerte, hasta grosera.
O sea, la gente cuando él iba por la calle, a la gente le daba como tantito temor cruzarse en su camino.
Este señor, además de, de ser esa persona así como bastante, eh, pues sí, dura, le gustaba mucho, mucho, mucho beber y apostar.
De hecho, tenía un problema muy grave con esto.
Era normal que ciertos días se fuera a la cantina del pueblo, se pusiera a tomar, se pusiera a apostar y dependiendo de cómo le hubiera ido en la mano, que además era muy mujeriego, podía no llegar en dos o tres días a casa.
Simplemente se quedaba por ahí tomando, apostando, eh, pues con mujeres que conocía en el camino.
Y esto obviamente había hecho que en un principio, antes de que comenzara a tomar, la, en la familia, el rancho y todas las cosas que tenían, habían conjuntado un buen terreno con bastantes cabezas de ganado.
Era, por así decir, una familia de dinero.
Pero con el abuelo Pedro ya al mando de este rancho, las cosas empezaron a ir de mal en peor.
Y era más que nada, no porque no trabajara, sí trabajaba, trabajaba mucho.
El problema es que a veces cuando apostaba y perdía, quería seguir jugando.
Entonces comenzaba de pronto a entregar cabezas de ganado, caballos, joyas de su mujer.
A tal grado, y creo que esto nos dice mucho del abuelo Pedro, que en una ocasión no podía saldar una deuda con un hombre, quería seguir jugando y le ofreció a una de sus hijas.
[golpe musical] Y este hombre aceptó y continuaron jugando cartas.
Bueno, la historia comienza después de conocer cómo era este, este sujeto.
Una noche, una madrugada, que estaba en la cantina, estaba jugando, normal, apenas comenzaban a tomar, cuando de pronto escucharon los cascos de un caballo, las espuelas Las puertas se abrieron y entró un hombre.
Era un hombre relativamente joven, eh, poco antes de los cuarenta años, muy alto, de muy buen ver, pero tenía como una forma pausada incluso de caminar, de moverse.
Venía totalmente vestido de negro con un sombrero negro también y simplemente se acercó a la barra y volteó a ver a todos los hombres que estaban en esta cantina.
Se quedó viendo hacia la mesa donde estaba el abuelo Pedro.
Esta primera historia la manda nuestro amigo Hugo García y se llama El trato.
Esta historia le ocurrió a su abuelo Pedro, al señor Pedro, a su abuelo, en los años setenta, más o menos.
Apenas iniciaba la década de los setentas cuando experimenta esto que les voy a relatar a continuación.
Es muy importante el-- como a lo mejor formar esta, este personaje del abuelo Pedro, porque es un hombre que vivió, pues nació y se desarrolló, etcétera, en un pueblo, pero específicamente en trabajos de rancho en San Luis Potosí.
¿Y por qué digo esto de trabajos de rancho? Pues la gente se vuelve un poquito hosca, se vuelve un poquito dura, se tiene que levantar muy temprano, el trabajo con los animales, muchas veces no tienen acceso a la educación, pero son personas muy trabajadoras, que además, siendo inicio de los años setentas, en este pueblo, pues son personas sumamente machistas.
Eh, y bueno, eso era como el común.
Y él, entre todas las personas del pueblo, con él, el abuelo Pedro, la gente decía que era sumamente duro, que era una persona violenta, fuerte, hasta grosera.
O sea, la gente cuando él iba por la calle, a la gente le daba como tantito temor cruzarse en su camino.
Este señor, además de, de ser esa persona así como bastante, eh, pues sí, dura, le gustaba mucho, mucho, mucho beber y apostar.
De hecho, tenía un problema muy grave con esto.
Era normal que ciertos días se fuera a la cantina del pueblo, se pusiera a tomar, se pusiera a apostar y dependiendo de cómo le hubiera ido en la mano, que además era muy mujeriego, podía no llegar en dos o tres días a casa.
Simplemente se quedaba por ahí tomando, apostando, eh, pues con mujeres que conocía en el camino.
Y esto obviamente había hecho que en un principio, antes de que comenzara a tomar, la, en la familia, el rancho y todas las cosas que tenían, habían conjuntado un buen terreno con bastantes cabezas de ganado.
Era, por así decir, una familia de dinero.
Pero con el abuelo Pedro ya al mando de este rancho, las cosas empezaron a ir de mal en peor.
Y era más que nada, no porque no trabajara, sí trabajaba, trabajaba mucho.
El problema es que a veces cuando apostaba y perdía, quería seguir jugando.
Entonces comenzaba de pronto a entregar cabezas de ganado, caballos, joyas de su mujer.
A tal grado, y creo que esto nos dice mucho del abuelo Pedro, que en una ocasión no podía saldar una deuda con un hombre, quería seguir jugando y le ofreció a una de sus hijas.
[golpe musical] Y este hombre aceptó y continuaron jugando cartas.
Bueno, la historia comienza después de conocer cómo era este, este sujeto.
Una noche, una madrugada, que estaba en la cantina, estaba jugando, normal, apenas comenzaban a tomar, cuando de pronto escucharon los cascos de un caballo, las espuelas Las puertas se abrieron y entró un hombre.
Era un hombre relativamente joven, eh, poco antes de los cuarenta años, muy alto, de muy buen ver, pero tenía como una forma pausada incluso de caminar, de moverse.
Venía totalmente vestido de negro con un sombrero negro también y simplemente se acercó a la barra y volteó a ver a todos los hombres que estaban en esta cantina.
Se quedó viendo hacia la mesa donde estaba el abuelo Pedro.
The rest of this transcript — segmented and speaker-labeled, so you land on the exact moment something was said
Search every transcript — by keyword, by phrase, or by meaning, across every show Radar indexes
Trends — what is surging across podcasts, measured against its own baseline
Alerts — when a name you follow appears in a newly indexed episode
No account is needed to search Radar.