Aug 26, 2026 · 7 min · 7 segments
Durante millones de años tuvimos mucha luz durante el día y casi completa oscuridad por la noche. Hoy vivimos justo al revés: poca luz natural durante el día y demasiada luz artificial cuando llega la…
Durante el noventa y nueve por ciento de nuestra historia vivimos inmersos en un patrón lumínico muy concreto: mucha luz natural durante el día y casi oscuridad por la noche.
Pero en poco más de un siglo, que es nada en términos evolutivos, hemos alterado radicalmente este patrón.
Ahora pasamos gran parte del día en espacios interiores expuestos a luces mucho menos brillantes que la del sol, y cuando llega la noche seguimos bañados por mucha más luz que la que recibían nuestros ancestros en ese momento.
Por poner esto en perspectiva, en un día soleado podemos recibir hasta cien mil luxes de luminosidad al estar en exteriores o diez mil luxes en un día nublado.
Sin embargo, en un espacio interior de una oficina típica, quizás no haya más de quinientos o quizás mil luxes de intensidad, menos de la décima parte.
Y por la noche, incluso en un día de luna llena, la luminosidad en un entorno natural es menor a un lux, mientras que en muchas casas estamos ahora expuestos a más de doscientos luxes.
Y esto es un problema porque nuestro cerebro necesita una gran diferencia entre el día y la noche para sincronizar nuestro reloj y orquestar de manera correcta todos nuestros procesos fisiológicos.
Y cuando esta diferencia lumínica se reduce mucho o difuminamos la diferencia entre el día y la noche, se desajusta nuestra biología.
El primero es exponerse a más luz natural durante el día, intentando pasar más tiempo en espacios exteriores.
El segundo, y es en lo que me voy a centrar en este vídeo, sería aumentar la oscuridad por la noche.
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Durante el noventa y nueve por ciento de nuestra historia vivimos inmersos en un patrón lumínico muy concreto: mucha luz natural durante el día y casi oscuridad por la noche.
Pero en poco más de un siglo, que es nada en términos evolutivos, hemos alterado radicalmente este patrón.
Ahora pasamos gran parte del día en espacios interiores expuestos a luces mucho menos brillantes que la del sol, y cuando llega la noche seguimos bañados por mucha más luz que la que recibían nuestros ancestros en ese momento.
Por poner esto en perspectiva, en un día soleado podemos recibir hasta cien mil luxes de luminosidad al estar en exteriores o diez mil luxes en un día nublado.
Sin embargo, en un espacio interior de una oficina típica, quizás no haya más de quinientos o quizás mil luxes de intensidad, menos de la décima parte.
Y por la noche, incluso en un día de luna llena, la luminosidad en un entorno natural es menor a un lux, mientras que en muchas casas estamos ahora expuestos a más de doscientos luxes.
Y esto es un problema porque nuestro cerebro necesita una gran diferencia entre el día y la noche para sincronizar nuestro reloj y orquestar de manera correcta todos nuestros procesos fisiológicos.
Y cuando esta diferencia lumínica se reduce mucho o difuminamos la diferencia entre el día y la noche, se desajusta nuestra biología.
El primero es exponerse a más luz natural durante el día, intentando pasar más tiempo en espacios exteriores.
El segundo, y es en lo que me voy a centrar en este vídeo, sería aumentar la oscuridad por la noche.