Aug 20, 2026 · 8 min · 5 segments
Rebanada 87
Marisa LazoHostNo entities detected.

Vivimos creyendo que algún día vamos a terminar todos los pendientes, que si nos organizamos un poquito mejor, responderemos más rápido o si hacemos un esfuerzo extra, va a llegar el momento en que por fin podamos relajarnos.

Porque siempre aparece otro correo, otro mensaje, otra llamada, otro pendiente de la lista interminable.

Aquí lo importante es darnos cuenta de que la urgencia no siempre viene de afuera.

Muchas veces la ponemos nosotros mismos y de eso se trata el día de hoy nuestro pódcast.

Y esa confusión nos hace vivir corriendo sin preguntarnos siquiera si realmente hace falta.

Hace falta correr tanto, ¿eh? [risas] Si realmente hace falta vivir así, con tanta prisa, con tanta urgencia.

Miedo incluso a que si soltamos el control por un segundo, algo se nos va a caer.

Por eso la urgencia inventada no se siente como una elección, se siente como una obligación.

Entre más le seguimos el juego, más nos convencemos de que así se supone que se vive.

En la superficie podría parecer que lo que queremos es estar ocupadas, pero si revisamos con cuidado, muchas veces no es eso.

Es que estar ocupada se siente como estar justificada, como si el ajetreo fuera la muestra, la prueba, de que importamos, de que somos necesarias, de que merecemos el lugar que ocupamos.

Si dejo de correr un momento, ¿qué queda? Si nadie me necesita resolviendo algo en ese instante, ¿sigo valiendo lo mismo? Por eso la urgencia inventada no es solo un mal hábito de tiempo.

Y mientras estemos ocupadas resolviendo, no tenemos que hacer esa otra pregunta, la más incómoda: ¿Quién soy yo cuando no estoy resolviendo nada? Y si nos vamos un poco más hondo todavía, no es solo que tengamos miedo a no ser necesarias.

Es que si nos detenemos, tenemos que estar con nosotras mismas, sin pendiente, sin pantalla, sin nadie esperando una respuesta.

Y ese silencio, ese espacio vacío donde no hay nada que resolver ni hacer, puede asustar más que cualquier lista de pendientes.

Vivimos creyendo que algún día vamos a terminar todos los pendientes, que si nos organizamos un poquito mejor, responderemos más rápido o si hacemos un esfuerzo extra, va a llegar el momento en que por fin podamos relajarnos.

Porque siempre aparece otro correo, otro mensaje, otra llamada, otro pendiente de la lista interminable.

Aquí lo importante es darnos cuenta de que la urgencia no siempre viene de afuera.

Muchas veces la ponemos nosotros mismos y de eso se trata el día de hoy nuestro pódcast.

Y esa confusión nos hace vivir corriendo sin preguntarnos siquiera si realmente hace falta.

Hace falta correr tanto, ¿eh? [risas] Si realmente hace falta vivir así, con tanta prisa, con tanta urgencia.

Miedo incluso a que si soltamos el control por un segundo, algo se nos va a caer.

Por eso la urgencia inventada no se siente como una elección, se siente como una obligación.

Entre más le seguimos el juego, más nos convencemos de que así se supone que se vive.

En la superficie podría parecer que lo que queremos es estar ocupadas, pero si revisamos con cuidado, muchas veces no es eso.

Es que estar ocupada se siente como estar justificada, como si el ajetreo fuera la muestra, la prueba, de que importamos, de que somos necesarias, de que merecemos el lugar que ocupamos.

Si dejo de correr un momento, ¿qué queda? Si nadie me necesita resolviendo algo en ese instante, ¿sigo valiendo lo mismo? Por eso la urgencia inventada no es solo un mal hábito de tiempo.

Y mientras estemos ocupadas resolviendo, no tenemos que hacer esa otra pregunta, la más incómoda: ¿Quién soy yo cuando no estoy resolviendo nada? Y si nos vamos un poco más hondo todavía, no es solo que tengamos miedo a no ser necesarias.

Es que si nos detenemos, tenemos que estar con nosotras mismas, sin pendiente, sin pantalla, sin nadie esperando una respuesta.

Y ese silencio, ese espacio vacío donde no hay nada que resolver ni hacer, puede asustar más que cualquier lista de pendientes.
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